domingo, 9 de enero de 2011

¿LO DEJARIA TODO POR DIOS?


"El Señor le dijo a Abram, 'Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré.'"  (Genesis 12:1 - NVI).

El relato bíblico nos cuenta la historia de cómo Dios encontró a Abram.  No se nos habla mucho acerca del trasfondo de este hombre.  Simplemente se nos dice que Dios prometió bendecirlo de forma extraordinaria al punto que sería de bendición para todas las familias de la tierra.  Sin duda que los padres de este hombre le habían prodigado los más excelentes cuidados y las más finas atenciones.  ¿Cómo sabemos esto?  El nombre de Abram significa “Padre Exaltado.”  No hay duda que sus padres tenían las más altas expectativas.  Esperaban que se convirtiera en un hombre influyente, poderoso y exaltado. 

Lo interesante es que Dios se encontró con Abram y le hizo increíbles promesas de bendición.  También es interesante notar que aquellas bendiciones eran condicionales.  Abram debía dejar su tierra y a sus parientes y debía seguir a Dios a la tierra que le sería mostrada.  La Biblia nos cuenta que a la edad de 75 años, Abram finalmente obedeció.  Pero es triste ver que no cumplió con lo requerido.  Se llevó con él a su padre y a su sobrino.  Este no era el trato que Dios había establecido.  Es de entender que llevara a su padre.  No hay duda que era un hombre anciano que requería de cuidado.  No hay duda que había sido un buen padre y Abram simplemente estaba correspondiendo al amor que le había sido prodigado.  Pero, ¿por qué llevar a su sobrino?  ¿Por qué echarse encima la responsabilidad de velar por el bienestar de otra persona?  Conocemos la historia y sabemos que, eventualmente, Abram y Lot tuvieron serios problemas al punto que cada uno tuvo que elegir su propio rumbo.  Lo peor de todo es que Abram tuvo que rescatar a Lot en varias ocasiones arriesgando su propia vida.

Es difícil dejar atrás nuestra familia, nuestros padres, nuestras posesiones, nuestro país, nuestro entorno al que estamos acostumbrados y tantas cosas más.  Es difícil dejarlo todo.  Pero, si Dios prometiera bendecirle, darle fama y bendecir a muchas otras personas a través de usted, con el solo hecho de obedecerle y seguirle, ¿lo haría?  ¿Lo dejaría todo por Dios?  Cuidado con su respuesta, pues Dios aun está buscando hombres y mujeres que cumplan Su Palabra para bendecirlos en grande manera.  Pero, es necesario dejarlo todo. 

miércoles, 5 de enero de 2011

NOE SE OLVIDO DE LA MISERICORDIA


"¡Maldito sea Canaán!  Será de sus dos hermanos el más bajo de sus esclavos." 
(Genesis 9:25 - NVI)

Noé fue severo y hasta cruel con sus palabras.  Maldijo a su hijo Cam sin un poco de misericordia.  Lo más interesante de todo es que unos versículos antes, leemos acerca de la gran muestra de misericordia que Dios le extendió a Noé.  Debido al aumento de la maldad de los hombres, Dios decidió destruir a toda la tierra a través de un diluvio.  Unicamente Noé y sus hijos habían sido salvados por la providencia divina.  De forma obediente, Noé construyó un arca y en ella se refugió toda su familia así como una pareja de todo tipo de animal. 

Durante 40 días y 40 noches, llovió sin una sola pausa.  De la misma forma, “se reventaron las fuentes del mar profundo y se abrieron las compuertas del cielo” (Génesis 7:11).  Todo esto causó que la tierra, en su totalidad, fuera cubierta por las aguas y que así perecieran todos los humanos y los animales que la habitaban.  Por 150 días, la tierra estuvo cubierta por agua. 

La misericordia de Dios se manifestó, no solamente en preservar la vida de Noé y su familia, sino también en que después de aquellos 150 días de inundación, “Dios se acordó entonces de Noé…” (Génesis 8:1).  Dios mandó cerrar las fuentes de aguas del mar profundo y cerró las compuertas del cielo.  Después de muchos días de incertidumbre, Dios finalmente le habló a Noé y le dio autorización para salir del arca.  Noé ofreció un sacrificio a Dios y el olor de éste fue un aroma grato delante de El.  Tanto fue lo que Dios se agradó, que bendijo a Noé y a sus hijos.  Además, hizo un pacto (un acuerdo firme entre dos o más partes en que se comprometen a cumplir lo establecido) con Noé de nunca más destruir la tierra con una inundación. 

Noé fue testigo de todo esto.  Sin embargo, un día cometió el error de consumir vino hasta embriagarse.  Bajo el estupor del vino, se desvistió en su tienda de campaña y se acostó a dormir desnudo.  Es interesante notar que Cam descubrió a su padre en este estado y fue y se lo conto a sus hermanos.  La Biblia no habla de que se hubiera burlado ni de que lo hubiera deshonrado.  ¡LEA CON DETENIMIENTO Y MUCHA ATENCION EL VERSO 22!  Aviso a sus hermanos de la situación y ellos cubrieron a su padre sin mirarlo mientras estaba allí desnudo.  Es gravemente triste que cuando Noé volvió en sí y se enteró de lo sucedido, maldijo a su hijo, Cam.  ¿Qué pasó con Noé?  ¿Cómo pudo olvidar la misericordia que Dios le había extendido?  ¿Acaso no se le había perdonado la vida?  ¿Por qué maldecir a su hijo?  Noé fue culpable de que Cam lo hallara desnudo.  Y Cam en ningún momento se burló de su padre.  Simplemente le informó a sus hermanos y no volvió a entrar a la recamara de su padre. 

Hoy en día, la misericordia (compasión que impulsa a ayudar o perdonar) es algo que no debemos olvidar.  Dios nos la ha extendido de forma abundante e inmerecida.  ¡Qué bien se siente ser el receptor de la compasión divina!  Pero así mismo, usted y yo no debemos olvidar la misericordia cuando otros obren en nuestra contra.  Nunca olvide la misericordia.

martes, 4 de enero de 2011

DIOS SE ARREPINTIO


"...se arrepintió de haber hecho al ser humano en la tierra, y le dolió en el corazón." 
(Genesis 6:6 - NVI).


Las palabras son sorprendentes.  ¿Qué causaría que Dios adoptara este sentir?  La Biblia misma explica que “la maldad del ser humano en la tierra era muy grande, y todos sus pensamientos tendían siempre hacia el mal…” (verso 5).  Sin duda que en aquel tiempo no había tantos seres humanos como los hay hoy.  Pero habían excedido el límite de la paciencia divina.  Puedo imaginar a Dios como un buen padre de familia que trata de enseñar a sus hijos.  Estos constantemente se portan mal, desobedecen, retan y se rebelan contra ese buen padre.  Pero él, aun así, es paciente, corrige y espera.  Sin embargo, los hijos, pensando que la bondad del padre nunca acabará, cometen maldades cada vez más grandes.  Es entonces que el padre toma la vara o el cinturón, y aplica el castigo que le haga entender a sus hijos que han llegado al límite y que es tiempo de cambiar. 

Lo más sorprendente de todo esto, no es que Dios se arrepintió de los seres humanos, sino que Dios, aun en un mundo lleno de maldad, encontró a Noé.  Este hombre “contaba con el favor del Señor” (verso 8).  ¿Qué pudo Dios haber visto en Noé?  La Biblia dice que “era un hombre justo y horado entre su gente.  Siempre anduvo fielmente con Dios” (verso 9).  Note bien que no fue su dinero.  No fueron las cantidades de sus ofrendas ni diezmos.  No fue su mucho conocimiento acerca de Dios.  Simplemente fue que en su diario vivir, anduvo fielmente con Dios.

¡Que Dios hoy pudiera encontrar gente así entre toda la humanidad!  Para eso, fuera necesario considerar, ¿qué se diría de usted y de mí si Dios estuviera buscando a alguien para llevar a cabo un plan divino muy especial?  ¿Pudiera Dios contar con nosotros?  ¿O se arrepintiera Dios de habernos creado? 

domingo, 2 de enero de 2011

¡EXPULSADOS!


"Entonces Dios el Señor expulsó al ser humano del jardín del Edén..."  (Genesis 3:23 - NVI)


La lectura de hoy nos recuerda cómo es que acabamos en la situación pecaminosa en la que vivimos aun hoy.  Y también nos habla acerca de las tristes consecuencias de seguir nuestra propia manera de vivir.  Desde un principio, Dios estableció reglas para proteger a Adán y Eva.  Pero ellos consideraron que sus propias ideas y conceptos eran mucho mejor que los que Dios les había dado. 

Ellos vivían en completa libertad dentro del jardín del Edén.  Lo único que no podían hacer era comer del fruto del árbol del bien y del mal.  Una simple y sencilla condición que ellos no supieron cumplir.  Cometieron serios errores que los llevaron a sufrir graves consecuencias.  Primero, dieron oído a la voz del enemigo.  Segundo, no prestaron atención a la voz de Dios y olvidaron Sus palabras.  Tercero, fijaron su mirada en aquello que Dios había prohibido y lo comieron. 

De la misma forma, hoy en día, muchos de nosotros nos deleitamos en oír la voz del enemigo.  Nos insta a pecar diciéndonos cuán injusto Dios es al prohibirnos esto o lo otro.  Por ejemplo, nos pudiera decir que tener una relación amorosa fuera del matrimonio es deseable y placentera.  Nos pudiera instar a pecar convenciéndonos de que Dios no comprende nuestras necesidades de amor y satisfacción sexual.  Tristemente, no hemos prestado suficiente atención a la Palabra de Dios y nos dejamos engañar.  Ignoramos lo que Dios ha dicho y establecido para nuestro bien.  Nos enredamos en una relación extramarital que por un instante es excitante y emocionante.  Fijamos nuestros ojos en los ojos, el cuerpo, el carácter, la belleza, lo interesante de la otra persona y es así como finalmente pecamos.

Adán y Eva fueron castigados severamente.  Cada uno de ellos recibió el justo pago por sus acciones y decisiones equivocadas.  Pero sin duda que lo peor de todo fue haber sido expulsados de la misma presencia de Dios.  En el jardín del Edén, día tras día, Adán y Eva se encontraban con Dios.  Conversaban con El.  Paseaban por el jardín con El.  Pero todo eso lo cambiaron por un breve instante de placer egoísta. 

Hoy en día, somos muy similares a Adán y Eva.  Preferimos un momento de placer inmediato, antes que mantener una relación estable y sana con Dios.  Dejamos de convivir y conversar con El.  Abandonamos Su Palabra y Sus consejos.  Nos hacemos sordos a Su voz y Sus llamados.  Dejamos de deleitarnos en Su presencia.  Pero lo peor de todo es que no nos damos cuenta de que si continuamos en esa conducta, seremos expulsados para siempre de Su reino.  ¡Qué triste es vivir asi en esta tierra!  Pero cuanto peor será vivir así por la eternidad. 

sábado, 1 de enero de 2011

DIOS, EN EL PRINCIPIO...

"Dios, en el principio..." (Genesis 1:1 - NVI).
¡Qué palabras tan significativas para comenzar el 2011! Y son una realidad tan importante que debemos considerar con detenimiento. Actualmente, la gente se ha dado el lujo de olvidar que Dios ha sido desde el principio. Todo y cuanto existe es por El y gracias a El. La creación y la historia de la humanidad tienen su comienzo en Dios.

Hoy comenzamos un nuevo año. Hoy es el primer día del 2011. Y la verdad es que, si Dios nos falta, no tendremos un buen principio. La Biblia nos dice que la tierra “era un caos total.” Pero Dios ya estaba presente y pudo transformarla en algo que era bueno. No importa el caos en el que su vida se encuentre hoy. Si usted permite que Dios forme parte de su principio, El puede transformar ese caos en algo bueno también.

Hagamos de este texto algo muy personal y digamos hoy, “Dios, en MI principio…” El transformará el 2011 en algo bueno y especial.