domingo, 2 de enero de 2011

¡EXPULSADOS!


"Entonces Dios el Señor expulsó al ser humano del jardín del Edén..."  (Genesis 3:23 - NVI)


La lectura de hoy nos recuerda cómo es que acabamos en la situación pecaminosa en la que vivimos aun hoy.  Y también nos habla acerca de las tristes consecuencias de seguir nuestra propia manera de vivir.  Desde un principio, Dios estableció reglas para proteger a Adán y Eva.  Pero ellos consideraron que sus propias ideas y conceptos eran mucho mejor que los que Dios les había dado. 

Ellos vivían en completa libertad dentro del jardín del Edén.  Lo único que no podían hacer era comer del fruto del árbol del bien y del mal.  Una simple y sencilla condición que ellos no supieron cumplir.  Cometieron serios errores que los llevaron a sufrir graves consecuencias.  Primero, dieron oído a la voz del enemigo.  Segundo, no prestaron atención a la voz de Dios y olvidaron Sus palabras.  Tercero, fijaron su mirada en aquello que Dios había prohibido y lo comieron. 

De la misma forma, hoy en día, muchos de nosotros nos deleitamos en oír la voz del enemigo.  Nos insta a pecar diciéndonos cuán injusto Dios es al prohibirnos esto o lo otro.  Por ejemplo, nos pudiera decir que tener una relación amorosa fuera del matrimonio es deseable y placentera.  Nos pudiera instar a pecar convenciéndonos de que Dios no comprende nuestras necesidades de amor y satisfacción sexual.  Tristemente, no hemos prestado suficiente atención a la Palabra de Dios y nos dejamos engañar.  Ignoramos lo que Dios ha dicho y establecido para nuestro bien.  Nos enredamos en una relación extramarital que por un instante es excitante y emocionante.  Fijamos nuestros ojos en los ojos, el cuerpo, el carácter, la belleza, lo interesante de la otra persona y es así como finalmente pecamos.

Adán y Eva fueron castigados severamente.  Cada uno de ellos recibió el justo pago por sus acciones y decisiones equivocadas.  Pero sin duda que lo peor de todo fue haber sido expulsados de la misma presencia de Dios.  En el jardín del Edén, día tras día, Adán y Eva se encontraban con Dios.  Conversaban con El.  Paseaban por el jardín con El.  Pero todo eso lo cambiaron por un breve instante de placer egoísta. 

Hoy en día, somos muy similares a Adán y Eva.  Preferimos un momento de placer inmediato, antes que mantener una relación estable y sana con Dios.  Dejamos de convivir y conversar con El.  Abandonamos Su Palabra y Sus consejos.  Nos hacemos sordos a Su voz y Sus llamados.  Dejamos de deleitarnos en Su presencia.  Pero lo peor de todo es que no nos damos cuenta de que si continuamos en esa conducta, seremos expulsados para siempre de Su reino.  ¡Qué triste es vivir asi en esta tierra!  Pero cuanto peor será vivir así por la eternidad. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario