martes, 4 de enero de 2011

DIOS SE ARREPINTIO


"...se arrepintió de haber hecho al ser humano en la tierra, y le dolió en el corazón." 
(Genesis 6:6 - NVI).


Las palabras son sorprendentes.  ¿Qué causaría que Dios adoptara este sentir?  La Biblia misma explica que “la maldad del ser humano en la tierra era muy grande, y todos sus pensamientos tendían siempre hacia el mal…” (verso 5).  Sin duda que en aquel tiempo no había tantos seres humanos como los hay hoy.  Pero habían excedido el límite de la paciencia divina.  Puedo imaginar a Dios como un buen padre de familia que trata de enseñar a sus hijos.  Estos constantemente se portan mal, desobedecen, retan y se rebelan contra ese buen padre.  Pero él, aun así, es paciente, corrige y espera.  Sin embargo, los hijos, pensando que la bondad del padre nunca acabará, cometen maldades cada vez más grandes.  Es entonces que el padre toma la vara o el cinturón, y aplica el castigo que le haga entender a sus hijos que han llegado al límite y que es tiempo de cambiar. 

Lo más sorprendente de todo esto, no es que Dios se arrepintió de los seres humanos, sino que Dios, aun en un mundo lleno de maldad, encontró a Noé.  Este hombre “contaba con el favor del Señor” (verso 8).  ¿Qué pudo Dios haber visto en Noé?  La Biblia dice que “era un hombre justo y horado entre su gente.  Siempre anduvo fielmente con Dios” (verso 9).  Note bien que no fue su dinero.  No fueron las cantidades de sus ofrendas ni diezmos.  No fue su mucho conocimiento acerca de Dios.  Simplemente fue que en su diario vivir, anduvo fielmente con Dios.

¡Que Dios hoy pudiera encontrar gente así entre toda la humanidad!  Para eso, fuera necesario considerar, ¿qué se diría de usted y de mí si Dios estuviera buscando a alguien para llevar a cabo un plan divino muy especial?  ¿Pudiera Dios contar con nosotros?  ¿O se arrepintiera Dios de habernos creado? 

domingo, 2 de enero de 2011

¡EXPULSADOS!


"Entonces Dios el Señor expulsó al ser humano del jardín del Edén..."  (Genesis 3:23 - NVI)


La lectura de hoy nos recuerda cómo es que acabamos en la situación pecaminosa en la que vivimos aun hoy.  Y también nos habla acerca de las tristes consecuencias de seguir nuestra propia manera de vivir.  Desde un principio, Dios estableció reglas para proteger a Adán y Eva.  Pero ellos consideraron que sus propias ideas y conceptos eran mucho mejor que los que Dios les había dado. 

Ellos vivían en completa libertad dentro del jardín del Edén.  Lo único que no podían hacer era comer del fruto del árbol del bien y del mal.  Una simple y sencilla condición que ellos no supieron cumplir.  Cometieron serios errores que los llevaron a sufrir graves consecuencias.  Primero, dieron oído a la voz del enemigo.  Segundo, no prestaron atención a la voz de Dios y olvidaron Sus palabras.  Tercero, fijaron su mirada en aquello que Dios había prohibido y lo comieron. 

De la misma forma, hoy en día, muchos de nosotros nos deleitamos en oír la voz del enemigo.  Nos insta a pecar diciéndonos cuán injusto Dios es al prohibirnos esto o lo otro.  Por ejemplo, nos pudiera decir que tener una relación amorosa fuera del matrimonio es deseable y placentera.  Nos pudiera instar a pecar convenciéndonos de que Dios no comprende nuestras necesidades de amor y satisfacción sexual.  Tristemente, no hemos prestado suficiente atención a la Palabra de Dios y nos dejamos engañar.  Ignoramos lo que Dios ha dicho y establecido para nuestro bien.  Nos enredamos en una relación extramarital que por un instante es excitante y emocionante.  Fijamos nuestros ojos en los ojos, el cuerpo, el carácter, la belleza, lo interesante de la otra persona y es así como finalmente pecamos.

Adán y Eva fueron castigados severamente.  Cada uno de ellos recibió el justo pago por sus acciones y decisiones equivocadas.  Pero sin duda que lo peor de todo fue haber sido expulsados de la misma presencia de Dios.  En el jardín del Edén, día tras día, Adán y Eva se encontraban con Dios.  Conversaban con El.  Paseaban por el jardín con El.  Pero todo eso lo cambiaron por un breve instante de placer egoísta. 

Hoy en día, somos muy similares a Adán y Eva.  Preferimos un momento de placer inmediato, antes que mantener una relación estable y sana con Dios.  Dejamos de convivir y conversar con El.  Abandonamos Su Palabra y Sus consejos.  Nos hacemos sordos a Su voz y Sus llamados.  Dejamos de deleitarnos en Su presencia.  Pero lo peor de todo es que no nos damos cuenta de que si continuamos en esa conducta, seremos expulsados para siempre de Su reino.  ¡Qué triste es vivir asi en esta tierra!  Pero cuanto peor será vivir así por la eternidad. 

sábado, 1 de enero de 2011

DIOS, EN EL PRINCIPIO...

"Dios, en el principio..." (Genesis 1:1 - NVI).
¡Qué palabras tan significativas para comenzar el 2011! Y son una realidad tan importante que debemos considerar con detenimiento. Actualmente, la gente se ha dado el lujo de olvidar que Dios ha sido desde el principio. Todo y cuanto existe es por El y gracias a El. La creación y la historia de la humanidad tienen su comienzo en Dios.

Hoy comenzamos un nuevo año. Hoy es el primer día del 2011. Y la verdad es que, si Dios nos falta, no tendremos un buen principio. La Biblia nos dice que la tierra “era un caos total.” Pero Dios ya estaba presente y pudo transformarla en algo que era bueno. No importa el caos en el que su vida se encuentre hoy. Si usted permite que Dios forme parte de su principio, El puede transformar ese caos en algo bueno también.

Hagamos de este texto algo muy personal y digamos hoy, “Dios, en MI principio…” El transformará el 2011 en algo bueno y especial.